Domingo XXVII del T. Ordinario (08-10-17) Huellas en el camino
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los
ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó
una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre,
la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los
frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le
correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno,
mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la
primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo
diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se
dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su
herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando
vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le
contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a
otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los
arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido
un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de
Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Palabra del Señor.
En nuestro camino nos encontramos con que Dios
tiene un plan de salvación para nosotros, con mucho amor planta la mejor viña y
nos la concede para trabajarla. En el mapa,
en las guías de este tramo del camino,
se nos indica que seguir las huellas de
Jesús es caer en la cuenta que Dios nos ha dado la posibilidad de
aportar nuestro granito de arena en la construcción del Reino, depende de
nosotros ser -o no- buenos labradores.



Comentarios
Publicar un comentario