Domingo XXIV del T. Ordinario (17-09-17) Huellas en el camino
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor,
si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete
veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta
veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso
ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron
uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó
que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que
pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado
y lo dejó marchar, perdonándoles la deuda. Pero al salir, el criado aquel
encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo
estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a
sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él
se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus
compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su
señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado!
Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también
tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor,
indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo
hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su
hermano». Palabra del Señor.
Se nos
invita a hacer un alto en el camino
para reflexionar sobre el perdón. Se dice que perdonar no es fácil, sin
embargo, quien ha sentido el gozo de sentirse perdonado, debe ser capaz de
perdonar al otro, debemos ser más responsables con nuestros actos, pero no sólo
por el otro, sino por nosotros mismos, en la medida en que ofrecemos perdón
también nos amamos a nosotros mismo y nos sentimos mejor. En el mapa, en
las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es darnos cuenta que tenemos
que perdonar siempre y de corazón.



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